Un nuevo dinosaurio británico de garras largas es el primero de su especie en Europa
El cráneo fosilizado de una nueva especie de misterioso dinosaurio carnívoro procedente de la Isla de Wight ha sido redescubierto en las colecciones del Museo de Historia Natural de Londres, tras pasar más de 100 años almacenado.
A lo largo de sus casi 150 años de historia, este centro museístico ha acogido más de 30 millones de especímenes, lo que hace que sea bastante fácil pasar por alto algún que otro fósil o roca aquí y allá. Esto es, casi con toda seguridad, lo que le ocurrió al único fósil conocido del dinosaurio más reciente del Reino Unido, un terópodo carnívoro bípedo (la familia de dinosaurios que incluye a las aves) al que hemos bautizado como Invictibellatrix amberina en un nuevo estudio.
En 2020, Paul Barrett, uno de los paleontólogos del museo, revisó las colecciones de fósiles y se topó con un pequeño trozo de hueso que reconoció como una parte importante del cráneo de un dinosaurio: la caja craneal. Tras revisar los registros del museo, se dio cuenta de que la caja craneal se había encontrado en una playa cerca de Sudmoor Point, en la Isla de Wight, situada frente a la costa sur de Inglaterra conocida por sus fósiles de dinosaurios de fama mundial .
Sabiendo que procedía de la Isla de Wight, Barrett recurrió a uno de los que firmamos este artículo (Cassius Morrison), que era estudiante de doctorado especializado en cajas craneales de dinosaurios en aquel momento, para que estudiara el fósil en detalle e intentara averiguar a qué dinosaurio pertenecía.
Un fósil que no se parecía nada al resto
Este trabajo demostró que el fósil, de unos 120 millones de años de antigüedad, no se parecía a nada de lo hallado anteriormente en la isla y pertenecía a una nueva especie de una misteriosa familia de carnívoros: los Megaraptora .
Los megarraptores son conocidos por sus cráneos esbeltos, sus esqueletos de complexión ligera y sus gigantescas garras en las manos. Algunas de las especies más grandes tienen garras de más de 30 centímetros de largo. Estos feroces depredadores se encuentran en todo el mundo, aunque la mayoría de las especies conocidas proceden de Sudamérica, en particular de Argentina.
Nuestra nueva especie británica, Invictibellatrix amberina , se situaba en el extremo más pequeño de los megarraptores, con unos 5 metros de longitud de la cabeza a la cola y un peso similar al de un tigre grande, lo que la convierte en el megarraptor más pequeño conocido.
Para estudiar la nueva especie, la comparamos directamente con los cráneos de otros carnívoros. Esto planteaba una versión científica del juego “encuentra las diferencias” para identificar las sutiles distinciones entre especies para determinar a qué nos enfrentábamos.
También utilizamos la tomografía computarizada (TC), que combina rayos X y procesamiento informático para crear imágenes detalladas, con el fin de examinar el interior de la cavidad craneal del Invictibellatrix y estudiar todo lo que pudiéramos de su cerebro. Introducir todos estos hallazgos en un algoritmo informático para determinar dónde se sitúa nuestra especie en el árbol filogenético nos ayudó a evitar sesgos en nuestras interpretaciones.
Nuestro trabajo sugiere que la nueva especie probablemente formaba parte de las primeras etapas de la evolución de los megarraptores, representando el aspecto que tenían estos animales antes de alcanzar tamaños gigantescos, similares a los de sus parientes, los tiranosaurios .
Invictibellatrix y su lugar en el árbol genealógico de los terópodos revisten especial importancia, ya que ahora comprendemos mejor cuándo y cómo se extendieron los megaraptoranos por todo el mundo. Antes del descubrimiento de Invictibellatrix , solo se conocían megarraptores a partir de especies del Cretácico Temprano (hace 130-120 millones de años) de Tailandia y Japón, además de múltiples especies de mayor tamaño del Cretácico Tardío (hace 85–66 millones de años) de Australia y Argentina.
El guerrero del ámbar
Las grandes distancias entre estos hallazgos indican que los megarraptores debieron de ser aún más comunes de lo que sugieren sus fósiles, ya que es imposible que animales de gran tamaño como estos pudieran cruzar a nado los océanos que separaban estos continentes durante el período Cretácico .
Como primer megarraptor europeo, el Invictibellatrix nos proporciona pruebas sólidas de que el grupo probablemente viajó a los continentes meridionales desde Asia, pasando por Europa y África. Posteriormente, es probable que se extendieran por Sudamérica y Australia en algún momento durante —o quizás incluso antes— del Cretácico Temprano. El fósil también sugiere que otros megarraptores podrían estar esperando a ser descubiertos en África e incluso en la Antártida.
Probablemente, el Invictibellatrix convivió con otros carnívoros como el Neovenator (un pariente del Allosaurus ), el Ceratosuchops (un pariente del Spinosaurus ) y el Eotyrannus , que, como su nombre indica, era un antepasado del Tyrannosaurus rex . Probablemente, estos cuatro dinosaurios se alimentaban de animales diferentes entre sí para sobrevivir. El espinosaurio se especializó en alimentarse de peces, mientras que los demás comían más bien de presas terrestres. El Invictibellatrix probablemente se alimentaba de pequeños dinosaurios, mamíferos, lagartos e incluso cocodrilos .
La historia de los megarraptores parece seguir el patrón de la mayoría de los éxitos de la naturaleza. Un pequeño oportunista que vivía a la sombra de animales mucho más grandes en todo el mundo, hasta convertirse en la fuerza dominante en unos pocos ecosistemas selectos hasta el final de la era de los dinosaurios.
Es esta historia la que dio nombre a la Invictibellatrix amberina , en homenaje al papel de los megarraptores como depredadores ápice en el Cretácico tardío de Sudamérica. Su nombre se traduce como “guerrera [hembra] invicta del ámbar”.
Aunque proporciona pistas interesantes, Invictibellatrix no nos lo cuenta todo. Los científicos aún no están seguros de cuándo evolucionaron por primera vez los megarraptores.
Queda mucho por descubrir sobre los dinosaurios. A veces, sus secretos no están enterrados, sino escondidos en las colecciones de los museos, esperando a que alguien venga y los examine más de cerca.
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