Normas para usar el móvil: ¿por qué no siempre funcionan?
La crianza digital ha pasado en pocos años a convertirse en una preocupación fundamental de las familias: cómo educar a sus hijos e hijas en el uso correcto de móviles, internet y redes sociales o cuándo y cómo permitir el acceso a estos dispositivos y plataformas son decisiones difíciles ante las que existen distintas actitudes .
De hecho, la información sobre los efectos de la tecnología en niños, niñas y adolescentes es cada vez más abundante . Sin embargo, los mensajes que reciben las familias no siempre coinciden y, en ocasiones, pueden ser contradictorios. Ante esta situación, es habitual que las familias adopten dos posturas opuestas: una más restrictiva, basada en prohibiciones y normas, y otra más permisiva, que apuesta por la autonomía e independencia de los más jóvenes en su vida digital.
Pero ¿cómo perciben sus propios hijos e hijas estas actitudes? Evidencias recientes de nuestro proyecto BESAFE reflejan una considerable brecha entre la visión de las familias acerca de las pautas que aplican para usar la tecnología que la que tienen los y las adolescentes.
¿Estamos realmente implicados?
En general, mientras que los adultos responsables consideraban que su implicación o mediación era elevada, sus hijos e hijas la percibían como mucho menor. Esta discrepancia en la percepción también se repetía en el control y la restricción o, incluso, en el nivel de comunicación.
Es decir: aunque padres y madres pueden considerar que están activamente pendientes del uso de móviles, internet y redes sociales que hacen sus hijos e hijas, en realidad, este acompañamiento podría no estar siendo del todo explícito y, con ello, tampoco eficaz. Y esto no es baladí, pues sabemos que cuando los y las adolescentes no se sienten acompañados, es más probable que afronten en soledad sus experiencias digitales, incluyendo las que son más negativas.
¿Cómo lograr una implicación más activa?
Para las familias puede ser difícil comprender y reconocer los riesgos de un ecosistema digital tan complejo y cambiante como, por ejemplo, las redes sociales. Al no formar parte tan activa de ellas como sus hijos e hijas, muchos de los riesgos pueden pasar desapercibidos.
Sabemos que cuando las familias guían y apoyan a sus hijos e hijas de manera explícita, esta vulnerabilidad se reduce . Así, mostrarse cercanos, disponibles y dispuestos para escuchar y aconsejar, cara a cara, se convierte en una valiosa fuente de protección. Algunas pautas pueden ser:
Al principio de la adolescencia, ante la posible falta de madurez, considerar alternativas al smartphone y a las redes sociales, como dispositivos sin acceso a internet que permiten comunicarse; por ejemplo, relojes digitales que integran llamadas.
Evitar apresurarse, basándose en presiones sociales, al decidir que sus hijos e hijas usen redes sociales. En su lugar, ser críticos y realistas: ¿suelen respetar límites y normas en otros ámbitos?, ¿conocen los riesgos y cómo prevenirlos?, ¿valoran pros y contras para dar algún paso?, ¿cuáles serían las condiciones de uso?
Llegado el momento, establecer acuerdos claros y concretar las consecuencias de su incumplimiento, actuando de forma coherente y consistente si no se respetan. Los contratos familiares pueden ayudar a delimitar el tiempo y tipo de uso (momentos y lugares donde conectarse, actividades que realizan, contenidos que consumen…).
Fortalecer la confianza familiar, abordando posibles inquietudes en redes sociales desde el apoyo y no desde el castigo o intrusismo. Cuando los y las adolescentes tienen miedo a regañinas o se sienten invadidos, tienden a ocultar sus problemas; en cambio, cuando se sienten apoyados, es más probable que cuenten o pidan ayuda espontáneamente.
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Parentalidad digital imprescindible
Teniendo en cuenta que el 82,4 % de los menores españoles tienen smartphone propio y lo consiguen a una edad media de 10,8 años, la parentalidad digital supone una tarea tan compleja como necesaria.
Esto resulta especialmente importante en la adolescencia, una etapa marcada por la influencia de los iguales, en la que las redes sociales dominan hoy la conexión social y autoexpresión .
Para educar adecuadamente a sus hijos e hijas en el entorno digital es importante tener en cuenta:
El valor del ejemplo. Los hábitos de uso de padres y madres son la principal referencia de los hijos e hijas y, en ese sentido, es fundamental reservar momentos de conexión familiar sin pantallas. Conviene no recurrir a los dispositivos para calmar rabietas o entretener; evitar el phubbing –es decir, no distraernos con alertas o mensajes cuando estamos con nuestros hijos e hijas–, y prescindir de compartir imágenes de los menores en redes sociales, lo que se conoce como sharenting .
Más que centrarse únicamente en la edad, resulta útil considerar las características y capacidades de cada menor. Especialmente, hay que tener en cuenta su madurez psicológica y psicosocial, es decir, su capacidad para gestionar las emociones y actuar de forma responsable consigo mismo y con los demás. De este modo, las familias pueden adaptar el acompañamiento a las necesidades de cada etapa.
Proteger, pero también acompañar y orientar. El uso combinado de herramientas de ciberseguridad, como aplicaciones de control parental, filtros infantiles o geolocalización, junto con normas claras y coherentes, permite crear un entorno digital más seguro y, progresivamente, ayudar a los hijos e hijas a desarrollar criterios y habilidades para desenvolverse de forma autónoma y responsable en las redes sociales. Al mismo tiempo, favorece la desconexión digital y el disfrute de actividades compartidas en familia.
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En definitiva, como adultos, conviene detenerse de vez en cuando y preguntarse: ¿estamos realmente presentes en la vida digital de nuestros hijos e hijas? ¿Perciben nuestras orientaciones como una ayuda, o solo como un control? ¿se sienten escuchados y apoyados cuando surge un problema? Incluso puede ser útil preguntárselo a ellos directamente.
Si algo muestra nuestro proyecto BESAFE es que la clave no siempre está en cuánto creemos acompañar, sino en cuánto de acompañados se sienten ellos y ellas. Reducir esa distancia es, probablemente, uno de los mayores retos de la parentalidad digital. Para lograrlo, conviene escuchar más, dialogar más y revisar nuestras propias prácticas digitales. Porque acompañar no consiste solo en proteger, sino en construir la confianza necesaria para que chicos y chicas sepan que pueden acudir a sus familias cuando lo necesiten.
Esperanza Espino recibe fondos del Plan Estatal 2021-2023 - Proyectos de Investigación No Orientada del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2023-148735NB-I00; MICIU/AEI/10.13039/501100011033).
Blanca Rubio Palomino (PREP2023-002252) recibe fondos del Plan Estatal 2021-2023 - Proyectos de Investigación No Orientada del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2023-148735NB-I00; MICIU/AEI/10.13039/501100011033).
Joaquín A. Mora Merchán recibe fondos del Plan Estatal 2021-2023 - Proyectos de Investigación No Orientada del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2023-148735NB-I00; MICIU/AEI/10.13039/501100011033).
Rosario Del Rey recibe fondos del Plan Estatal 2021-2023 - Proyectos de Investigación No Orientada del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2023-148735NB-I00; MICIU/AEI/10.13039/501100011033)