José Antonio Rojas Nieto: El paréntesis obligado
Evidentemente tenemos una importante razón para estar tristes por la partida del queridísimo ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Su importancia en nuestra vida social y política es por demás evidente y reconocida. Incluso para muchos de nosotros, su influencia en nuestra vida personal fue –aún lo es– muy intensa. Pero no estoy triste. Celebro haber recibido su sentida influencia desde el día en que lo escuché emocionado en la explanada de Rectoría. Sí, el jueves 26 de mayo de 1988, bajo la invitación del Consejo Estudiantil Universitario (CEU). Ese día estábamos muchos –qué digo, muchísimos– en aquel mítico lugar en el que vergonzosamente se instaló una estatua de Miguel Alemán, derrumbada en…