Con el control del Congreso, ¿podrían los demócratas detener la guerra de Trump en Irán?

La apabullante victoria de los demócratas en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos les sitúa en una posición más sólida para interferir en la agenda del presidente Donald Trump. Esto incluye su guerra contra Irán, profundamente impopular y costosa, que podría figurar entre sus primeras prioridades.
Como presidente, Trump podrá vetar cualquier ley destinada a poner fin a la guerra. Pero los demócratas guardan otra baza poderosa bajo la manga: cortar la financiación de la guerra.
Sin embargo, la historia sugiere que ejercer este poder podría desencadenar un enfrentamiento político que podría resultar contraproducente. Incluso si los demócratas logran poner fin a la guerra, es posible que no puedan revertir el daño que esta ha causado a la reputación global de Estados Unidos.
Los límites de la legislación
Aunque los demócratas tendrán tres opciones principales para intentar forzar el fin de la guerra contra Irán, dos de ellas se enfrentan a limitaciones significativas.
La primera —y quizás la más obvia— es recurrir a la vía legal. Un posible enfoque consiste en aprobar una resolución que exija el fin de la guerra. El Congreso ya lo intentó en junio con una resolución conjunta (con el apoyo de algunos republicanos) que ordenaba al presidente cesar las hostilidades contra Irán o solicitar la aprobación del Congreso antes de continuar. Esto se hizo al amparo de la Resolución de los poderes de guerra de 1973 .
Sin embargo, estas “resoluciones concurrentes” se consideran, en general, no vinculantes . Destinadas a expresar la opinión o la voluntad del Congreso, suelen utilizarse para tratar asuntos internos de la propia cámara.
Trump la ignoró. Posteriormente, en septiembre, otra resolución similar tampoco prosperó en el Senado .
Para que una resolución de este tipo fuera vinculante, necesitaría la fuerza de una ley aprobada por el Congreso, que el presidente probablemente vetaría. Los demócratas necesitarían, entonces, el apoyo de una mayoría de dos tercios tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. Esto requeriría que un número significativo de republicanos cambiara de bando.
Ejercer la función de supervisión
Una segunda opción para los demócratas es poner en marcha una serie de investigaciones parlamentarias sobre la forma en que se ha llevado a cabo la guerra. Eso probablemente incluiría audiencias públicas, citaciones y solicitudes de documentos a la Administración Trump.
Los demócratas también podrían intentar someter a un proceso de destitución a altos cargos del ejecutivo republicano.
Si Hakeem Jeffries , el demócrata que se perfila como próximo presidente de la Cámara de Representantes, quiere apaciguar a algunas de las voces más progresistas de su partido —o a las voces más radicales respecto a la guerra contra Irán o en contra de Trump—, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, podría ser objeto de un proceso de destitución.
Sin embargo, los fundamentos para semejante procedimiento no están claros en esta fase. E incluso con la nueva mayoría demócrata en el Senado, habría pocas opciones de que fuera condenado a menos que un número significativo de republicanos cambiara de bando.
Y lo que es más relevante: las investigaciones del Congreso suelen prolongarse en el tiempo y es poco probable que pongan fin a la guerra de forma rápida.
El “poder del dinero”
El poder más inmediato con el que cuenta el Congreso para acabar con la guerra rápidamente se encuentra en el artículo I, sección 9, de la Constitución de los Estados Unidos, que establece:
No se retirará dinero del Tesoro, salvo en consecuencia de las asignaciones realizadas por ley […]
Es lo que se conoce como power of the pursue , que se podría traducir como “poder del presupuesto” o “poder del dinero”.
Una vez que el nuevo Congreso tome posesión en enero, cada nuevo dólar que el Departamento de Guerra de Trump quiera gastar deberá ser aprobado por la Cámara de Representantes y el Senado.
Un Congreso controlado por los demócratas podría incluir una cláusula en el presupuesto de defensa que prohibiera el uso de fondos para hostilidades contra Irán. Trump podría vetarla, pero esto significaría bloquear también el sueldo de todo el personal militar.
Los demócratas intentaron precisamente este enfoque en 2007, con el fin de imponer un calendario para la retirada estadounidense de Irak. El entonces presidente George W. Bush lo vetó , pero la cuestión se convirtió en un juego político, en el que ambas partes se acusaban mutuamente de dejar a las tropas estadounidenses sin financiación. Los demócratas acabaron cediendo debido al creciente riesgo de una reacción negativa por parte de los votantes.
Actualmente, esta línea de actuación conllevaría un riesgo similar. ¿Están dispuestos los demócratas a poner en juego su credibilidad política si el presidente les acusa de fallar a los soldados estadounidenses? ¿Quién parpadeará primero?
Los republicanos se enfrentan a un momento decisivo
Una vez que se calmaron los ánimos el miércoles, el propio Trump reconoció que la guerra con Irán había influido en la aplastante derrota del Partido Republicano. Sin embargo, tambien reconoció que volvería a hacer lo mismo si fuera necesario para impedir que Irán se hiciera con un arma nuclear.
El vicepresidente J. D. Vance se mostró menos a la defensiva. En una declaración detallada publicada en X , Vance afirmó sin rodeos que la guerra fue la razón por la que los republicanos perdieron. Añadió: “Cualquier conversación honesta sobre hacia dónde vamos a partir de ahora debe empezar por ahí”.
Vance lleva mucho tiempo criticando la intervención militar estadounidense en conflictos en el extranjero, pero, en su calidad de vicepresidente, había respaldado públicamente las acciones de Trump contra Irán. La abrumadora victoria demócrata de esta semana ha facilitado mucho que Vance —y otros republicanos— rompan ahora filas con el presidente.
El equilibrio de poder ha cambiado
Para Trump, poner fin a la guerra ahora supondría una humillación. Hasta la fecha, Estados Unidos ha invertido casi 50 000 millones de dólares en una campaña militar con pocos logros tangibles.
Además, Irán ha aprendido que el estrecho de Ormuz es un punto estratégico que puede controlar. Lo mismo ocurre con el estrecho de Bab el-Mandeb , frente a las costas de Yemen, donde los hutíes, alineados con Irán, han atacado buques mercantes.
Estos costes perdurarán más allá de la presidencia de Trump. La guerra podría poner fin definitivamente al orden mundial unipolar que Washington construyó tras el fin de la Guerra Fría. Y puede que el mayor beneficiado no sea Teherán, sino Pekín.
Markus Wagner recibió financiación del Ministerio de Defensa de Australia en su calidad de investigador principal del proyecto "Weaponised Trade".